Nación anticipa una migración masiva hacia Vaca Muerta, pero Neuquén afronta sola el costo de crecer
Neuquen DataEl Gobierno nacional parece haber identificado perfectamente dónde estará buena parte del futuro económico argentino, pero no muestra la misma claridad cuando llega el momento de acompañarlo con recursos. El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, proyectó que unos cuatro millones de argentinos podrían abandonar Buenos Aires y el conurbano en busca de oportunidades en las provincias productivas, y que cerca de dos millones podrían dirigirse hacia la Patagonia petrolera y gasífera. En otras palabras, Nación imagina una migración histórica hacia Vaca Muerta, pero al mismo tiempo sostiene una política que obliga a Neuquén a afrontar con recursos propios buena parte del costo de ese crecimiento.
La contradicción es difícil de disimular. Si el propio Gobierno nacional considera que semejante cantidad de personas puede trasladarse hacia las provincias energéticas, también sabe que esa población necesitará rutas, escuelas, hospitales, viviendas, seguridad, agua, cloacas y transporte. Sin embargo, la política de déficit cero significó el freno de la obra pública nacional y una reducción de la participación federal en distintas áreas. El deterioro de rutas nacionales termina convirtiéndose en un problema que Neuquén debe resolver, mientras servicios provinciales también absorben demandas que corresponden a organismos nacionales. Nación proyecta el crecimiento, pero pretende que las provincias paguen la infraestructura necesaria para sostenerlo.
El caso del impuesto a los combustibles profundiza esa discusión. Mientras la administración nacional incrementó fuertemente la recaudación proveniente de ese tributo, Neuquén viene reclamando recursos para sostener y mejorar una infraestructura vial atravesada diariamente por una actividad que genera dólares para todo el país. La ecuación resulta incómoda para la Casa Rosada: Nación recauda sobre los combustibles, Vaca Muerta produce cada vez más y Neuquén termina poniendo recursos propios para las rutas. Incluso la Provincia avanzó con mecanismos de financiamiento vinculados al sector hidrocarburífero para acelerar obras que resultan indispensables para mantener funcionando el corazón energético argentino.
Frente a ese escenario, la administración de Rolando Figueroa eligió financiar buena parte de su expansión con recursos propios y con los dividendos generados por el crecimiento de Vaca Muerta. La Provincia construye escuelas, amplía hospitales, ejecuta infraestructura vial, fortalece la seguridad e impulsa viviendas y servicios mientras recibe nuevos habitantes atraídos por una economía que genera empleo e inversiones. Para sostener ese esfuerzo también avanzó con un ordenamiento del Estado, eliminación de gastos considerados innecesarios y una política de austeridad, buscando que una mayor proporción de los recursos disponibles termine destinada a infraestructura. El objetivo es producir más para recaudar más y transformar esa recaudación en obras.
La paradoja que deja el diagnóstico nacional es contundente: Buenos Aires reconoce que el futuro está en las provincias productivas, pero continúa concentrando recursos mientras descentraliza responsabilidades. Si efectivamente millones de argentinos terminan trasladándose hacia los territorios que producen petróleo, gas y minerales, la discusión dejará de ser solamente económica. Será también fiscal y demográfica. Porque alguien tendrá que construir las escuelas donde estudiarán sus hijos, los hospitales donde serán atendidos y las rutas por las que circularán. En Neuquén esa transformación ya comenzó y, hasta ahora, la Provincia está pagando buena parte de una expansión que también beneficia a las cuentas nacionales.













